Estrategias de comunicación (II): ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo?

Resulta útil acordar con nuestra pareja un tiempo semanal para tratar los asuntos de ambos.

Bien, hemos decidido que tenemos que hablar con nuestra pareja. No hablar de una cosa menor, del día a día, sino de algo de una cierta importancia que va a requerir un mayor esfuerzo y compromiso. Pongamos un ejemplo real: no me  parece bien que todos los domingos sistemáticamente vayamos a comer a casa de tus padres. Creo que deberíamos repartir ese tiempo también con los míos”.

Quizá esto de comer con los padres sea una norma que tácita o verbalmente hayamos aceptado en el pasado, pero con la que ya no nos sentimos cómodos y queremos renegociarla con nuestra pareja. ¿Cómo lo hacemos? Pues, por obvio que pueda parecer, tenemos que buscar, en primer término, un momento y un lugar para poder hacerlo.

Muchas veces la rutina, el trabajo, los niños, no nos dejan disponer de un tiempo y un lugar tranquilos para poder hablar. Con frecuencia nos encontramos en las terapias prescribiendo a las parejas que asignen un espacio y un tiempo determinados durante la semana para poder hablar.

Y este es precisamente el primer paso: acordar el momento para sentarnos cómodamente y sin prisas, en el que podamos desarrollar la conversación sin necesidad de mirar el reloj.

Pero además, debemos tener en cuenta algo que con frecuencia se olvida y es más importante de lo que parece: en un estado de ánimo favorable. Si estamos cansados, estresados, irritados por algún acontecimiento, hemos discutido justo un instante antes por alguna otra cosa, o cualquier circunstancia negativa que influya en nuestra predisposición, las posibilidades de que la conversación no se desarrolle de una manera adecuada aumentan significativamente.

En el ejemplo que hemos puesto, no parece razonable que nos pongamos a discutir la cuestión justo después de volver de casa de los padres de nuestra pareja, habiendo tenido un desacuerdo con nuestro suegro/a y de haber bebido unas copas de vino. Lo más probable es que la conversación acabe en un desastre, diciendo cosas de las que nos arrepentiremos después y sin posibilidad de acuerdo ninguno.

En cambio, si hemos escogido un momento agradable, pongamos un sábado por la mañana en el que hemos dormido a pierna suelta (sabíamos que los niños iban a pasar la noche con sus tíos) y nos encontramos descansados y positivos después de un rico desayuno y un buen café, las cosas suenas de otra manera, ¿verdad?

Así que recuerda: para hablar de cosas importantes con tu pareja escoge bien el momento y el lugar y sobre todo busca un estado de ánimo positivo.  Solo con esto habrás recorrido la mitad del camino.

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