Estrategias de comunicación: Nunca “siempre”, nunca “nunca”.

¡¿Me escuchas?!En este primer post de la serie que vamos a dedicar a la comunicación, queremos abordar uno de esos “errores” en los que caemos con más frecuencia: la generalización.

En ella, pasamos a términos absolutos los comportamientos de nuestra pareja convirtiéndolos en: “tú siempre haces/dices -lo que sea-”, o “tú nunca haces/dices -lo que sea-”.

Lo que podría ser claramente una petición para que nuestra pareja haga las cosas de una manera diferente, pasa a ser una recriminación directa, que no hará otra cosa que ponerle a la defensiva.

Veamos un ejemplo: fijaros la diferencia entre:

“Tú nunca me haces mimos, eres muy seco conmigo”,

Con:

“Algunas veces echo en falta que me hagas más mimos. Me encanta cuando me das un beso sin que yo me acerque a ti”.

Muy diferente ¿no? No es difícil imaginar la respuesta emocional que puede producir la primera frase, con la que lo haría la segunda.

Si os fijáis detrás de cada generalización hay siempre (bueno, casi siempre) una petición de algo. “Nunca cierras la pasta de dientes” conlleva que queremos que la cierres cuando termines de usarla. “Siempre estás trabajando” insinúa que queremos pasar más tiempo con nuestra pareja. Así, si además de evitar la generalización podemos explicitar la petición que hay de fondo, a la manera que hemos visto en el ejemplo, la comunicación se hace mucho más eficaz.

Cuando nos vengan a la cabeza las palabras siempre o nunca a la hora de dirigirnos a nuestra pareja, sustituyámoslas por algo que se acerque más a la realidad: algunas veces, casi siempre, de vez en cuando, una vez por semana… Y si además somos capaces de expresar lo que sentimos en forma de deseo en vez de como una recriminación, ¡tendremos el éxito asegurado!